¿Qué secretos se esconden bajo el asfalto y el cemento que reviste nuestras ciudades? ¿Cuántas historias se ocultan bajo nuestros pies? Algunas de estas preguntas se han podido responder ahora, gracias a las obras de remodelación de la plaza de España en Madrid, las cuales han puesto al descubierto hallazgos arqueológicos del palacio Godoy.

Los yacimientos hallados en el eje de la calle de Bailén y la plaza de España de Madrid son restos arqueológicos que datan del siglo XVIII, correspondientes a los sótanos del Palacio de Godoy. Sin embargo, las primeras hipótesis apuntaban a las antiguas Caballerizas Reales de la Regalada, levantadas durante el reinado de Felipe.

En las obras, iniciadas a principios de septiembre, se han descubierto muros y tabiques realizados en ladrillo y calicanto, suelos de granito, techos abovedados y escaleras de acceso. Todo ello en muy buen estado. Según los informes se han encontrado “tres cámaras abovedadas comunicadas entre sí por el sótano y con ramales que parecen pasar al resto de habitaciones en el este del edificio”, “un horno de pan” en la cara norte, una “entrada de recogida de aguas de desecho” hacia el exterior de Bailén y “las escaleras por las que se accede a los sótanos y galerías”.

El dilema

Este descubrimiento supone ahora un problema para la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid que junto con el Ayuntamiento de la ciudad deben decidir qué hacer con dichos restos. La disyuntiva reside en si conservar las ruinas in situ para respetar el conjunto en el que fueron concebidos o extraerlas de su ubicación natural y trasladarlas a algún otro lugar. Los cargos responsables confiesan que antes de tomar cualquier decisión deben contar con el informe completo de las arqueólogas responsables. El hallazgo ha frenado el proyecto de la anterior alcaldesa Carmena, con un coste de 62 millones de euros.

Asimismo, otras fuerzas políticas en la oposición han solicitado a la comisión de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento que dichos restos arqueológicos se incorporen a la candidatura a Patrimonio Mundial del eje Prado-Retiro.

Historia

El palacio del marqués de Grimaldi, una mansión situada junto al Palacio Real, fue realizado entre 1776 y 1782 por el arquitecto Francesco Sabatini (1721-1797). Carlos IV se lo regaló en 1792 a Manuel Godoy, conocido como el Príncipe de la Paz, para tenerlo cerca por ser su favorito.

En la primavera de 1931 se procedió al derribo de un tercio del edificio para ampliar la calle de Bailén. La parte eliminada incluía las estancias privadas de Godoy. Finalmente, en 1943, se erigió la actual fachada y desde 1975 el palacio reformado alberga el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, contiguo al edificio del Senado, contiguo al Senado y Bien de Interés Cultural (BIC).