¿La obsolescencia programada es cierta o solo un mito más sobre el consumo? Desafortunadamente para los consumidores y el medio ambiente, en muchos productos (sobre todo tecnológicos) es una realidad. Se trata del periodo de vida útil que una marca o fabricante otorga a un producto antes de que quede obsoleto o, simple y llanamente, se estropee definitivamente y no pueda ser utilizado.

Por suerte, hay quien se resiste a este malgasto de dinero y recursos y están dispuestos a frenar esta práctica. Con este objetivo ha surgido el sello ISSOP, que distinguirá aquellos productos que no tengan obsolescencia programada, es decir, que su vida útil no se vea acortada prematuramente básicamente por intereses comerciales.

 

¿Cómo se consigue la obsolescencia programada?

 

Existen diversas formas de lograr que un producto tenga que ser reemplazado por otro cuando, por sus características y estado, podría perfectamente seguir funcionado mucho más tiempo.

El primer método es la llamada obsolescencia de calidad. El producto o alguno de sus componentes, como las baterías, se fabrican de forma que, al cabo de un cierto tiempo de uso, presenta errores, averías o un funcionamiento deficiente.

Luego está la obsolescencia de función, algo que afecta muy especialmente a los smartphones. Cuando un modelo lleva ya un cierto tiempo en el mercado se vuelve incompatible con las aplicaciones más populares y útiles, o bien no permite actualizar la última versión del firmware o del sistema operativo.

 

Finalmente, podemos hablar de una tercer tipo de obsolescencia, donde el fabricante quizás no tenga toda la responsabilidad, aunque si que la alimenta. Es la llamada obsolescencia del deseo, en la que el cliente, aunque su dispositivo pueda seguir funcionando lo cambia prematuramente por una modelo o versión más avanzado, con más funciones o un diseño más atractivo.

 

Una práctica muy perjudicial para el medio ambiente

 

El gran peligro de la obsolescencia programada es que alimenta un consumo irresponsable, que va en contra de la sostenibilidad y genera residuos nocivos y unos niveles inaceptables de contaminación.

¿Qué es el sello ISSOP y para qué se ha creado?

 

El sello ISOOP ha sido creado recientemente por una organización española, la Fundación Energía para la Innovación Sostenible Sin Obsolescencia Programada (FENISS). Su objetivo es diferenciar aquellos productos que hayan sido fabricados sin obsolescencia programada, es decir, no tienen una caducidad anormalmente reducida por problemas de calidad, desgaste anormal de los materiales o por razones técnicas, como puede ser la incompatibilidad con aplicaciones o nuevas versiones del software.

Además de premiar con su distinción a aquellos artículos que no tengan una durabilidad finita marcada de fábrica, también se valora que los productos hayan sido fabricados de manera responsable: respetando los recursos ambientales y apostando por el desarrollo sostenible, el comercio justo y la distribución más equitativa de la riqueza.

El sello ISSOP sirve para ofrecer un reconocimiento y hacer visibles ante la sociedad aquellas empresas que promuevan el respeto al medio ambiente y la sostenibilidad, así como a los usuarios que ponen su granito de arena para lograr entre todos un modelo de desarrollo y unos hábitos de consumo racionales, donde el despilfarro de recursos materiales y económicos no tenga cabida.