Es evidente que, comparado con el siglo pasado, la tecnología del siglo XXI es muy superior. Hemos avanzado a marchas forzadas en medios de transporte, toto tipo de aparatos tecnológicos y ya no digamos en informática. Las mejoras son evidentes en materiales, funcionalidades y diseño de prácticamente toda creación humana: edificios, automóviles, trenes, aparatos médicos….

 

Pero no podemos con el Concorde, el avión que unía Europa con América en solo tres horas

 

Aunque parezca paradójico y difícil de creer, hoy en día, iniciada ya la tercera década del siglo XXI estamos muy lejos de lo que era capaz un avión con servicio regular desde 1973 (aunque fue construido 4 años antes, en 1969). Nos referimos al mítico avión supersónico Concorde, que podía plantarse de París a Nueva York en solo tres horas, cuando actualmente se tardan ocho horas en hace el mismo trayecto. ¡Increíble pero cierto!

El Concorde fue un auténtico prodigio de la ingeniería de principios de los años 70, la época de los pantalones de campana o la música de los Bee Gees, cosas de las que la mayoría de millennials no han oído ni siquiera hablar. Una aeronave capaz de alcanzar velocidades que hoy en día se nos hacen difíciles de imaginar. Y el más difícil todavía, lo hacía mediante una línea regular que funcionó hasta el año 2003.

Los elevados costes de mantenimiento y un terrible accidente acontecido en al año 2000 en París, acabaron con la historia de este avión irrepetible, simbiosis de la mejor tecnología aeronáutica con el diseño más espectacular y máximo exponente del lujo y la exclusividad. En los últimos años de funcionamiento del Concorde, un billete costaba la friolera de 6.500 €.

 

El Concorde, una escuela de diseño

 

El Concorde pudo hacerse realidad gracias a una colaboración entre los mejores diseñadores e ingenieros aeronáuticos que hasta ahora aún no ha podido repetirse. El diseño exterior de este avión increíble, con sus alas deltas y el característico e icónico morro del avión caído, ya era fascinante. Pero solo se trataba de una porción del pastel. La calidad y el diseño de todos los elementos interiores no se quedaban atrás: asientos, el interior de la cabina y hasta las vajillas fueron obras de grandes diseñadores de diferentes épocas, ya que vivió muchos cambios y transformaciones.

En los 22 aviones Concorde que llegaron a construirse trabajaron diseñadores de la talla de Terence Conran, Raymon Loewy, Andrée Putman o Christian Lacroix. Cada aeronave tenía un interior diferente, lo que ayudaba a alimentar esa sensación de exclusividad y lujo.

Los asientos fueron los que sufrieron una transformación más evidente, pasándose de los asientos cuadrados con tapicerías en rojo, marrón y naranja del principio (años 70), a un diseño mucho más moderno en los 80 y 90: formas redondeadas y predominio del azul y el gris.

 

Hasta la cubertería, diseñada por Raymond Lowey era fascinante: “Son una obra de arte”, llegó a afirmar el famosísimo artista pop Andy Warhol. Del que dicen se llevaba piezas de recuerdo en cada uno de sus viajes.

Del concorde nos queda, de momento, los recuerdos, fotos, videos y hasta libros donde se analiza detalladamente su diseño y simbología, como por ejemplo Supersonic: The Design and Lifestyle of Concorde. En espera de que se vuelva a construir un avión supersónico parecido, algo en lo que están trabajando actualmente diferentes compañías aeroespaciales estadounidenses.