Los efectos del calentamiento global de la superficie terrestre son ya tan evidentes que catástrofes como las inundaciones de poblaciones de todos los tamaños, incluidas ciudades emblemáticas como París y muchas otras, han dejado de ser noticia simplemente por ser habituales. Y precisamente la repercusión cada vez menor en los de esta situaciones tan extremas, solo porque ya estamos acostumbrados, es el mejor ejemplo de la magnitud del problema.

Para detener de una vez por todas el incremento progresivo de la temperatura es necesario actuar con decisión y rapidez en un sinfín de cuestiones relacionadas con la emisión de CO2 y la defensa del medio ambiente. Hay muchos frentes abiertos y uno de ellos es la necesidad de eliminar el asfalto de las grandes ciudades.

 

¿Por qué tenemos que sustituir el asfalto por vegetación?


Los beneficios de sustituir el asfalto de las ciudades por árboles y otros vegetales en calles, plazas y hasta edificios verticales es fundamental en primer lugar porque mejoran la calidad del aire, absorbiendo el CO2 y minimizando sus perniciosos efectos.

Pero las ventajas no terminan aquí: los denominados bosques urbanos son esenciales para crear sombras que frenen la subida de las temperaturas. Por otro lado, la presencia de más árboles y plantas en la ciudades es uno de los métodos más eficaces para contener las cada vez más habituales inundaciones. ¿Por qué? Porque los árboles compensan el flujo de agua del subsuelo, evitando que brote a la superficie en grandes cantidades, provocando el caos.

 

Los parques urbanos tienen una capacidad muy superior para prevenir inundaciones que los muros de contención y las estaciones de bombeo, además de sus beneficios ecológicos, estéticos y de mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.

La solución es, por lo tanto, substituir progresivamente el asfalto de las ciudades por pavimentos permeables. Algo que ya se está haciendo con éxito en algunas calles de ciudades como Barcelona.

 

Las carreteras también pueden ser verdes

 

Otra manera de reducir el impacto ambiental es asfaltar las carreteras con materiales mucho más ecológicos y respetuosos con la naturaleza, por ejemplo, plásticos o materiales reciclados.

Aunque su implantación es todavía residual, el llamado asfalto verde es posible y técnicamente viable, lo que ayudaría a alinear armónicamente la necesidad de contar con unas óptimas vías de transporte con la sostenibilidad.

Los expertos consideran que la mejor fórmula para reducir el impacto medioambiental negativo en la construcción y mantenimiento de carreteras es mediante el reciclado de firmes. Esta técnica consiste en recuperar el firme antiguo de una carretera o autopista, fresarlo y mezclarlo con materiales nuevos, más ecológicos.

 

Es urgente cambiar nuestros modelos de movilidad y sostenibilidad promoviendo el transporte público y transformando las ciudades en auténticos pulmones verdes. Gobiernos y ciudadanía deben concienciarse que la inversión que supone estos cambios es absolutamente necesaria y, además, se compensan muy rápidamente por los beneficios que suponen: freno del calentamiento global, minimización de inundaciones y otros catástrofes climáticas, prevención de enfermedades provocadas por la contaminación y un largo etcétera.