El patrimonio arquitectónico de España es uno de los más extensos, variados e importantes del mundo, constituyendo uno de sus grandes atractivos culturales y configurando un legado con un valor histórico incalculable, que debemos proteger y estudiar como se merece.

Aunque tanto el Ministerio de Cultura español, como los diversos ayuntamientos y otras instituciones parecen haber tomado conciencia, en las últimas décadas, de la necesidad de conservar el patrimonio arquitectónico de nuestro país, lo cierto es que aún queda mucho camino por recorrer.

En ocasiones, la fama y reconocimiento mundial de lugares tan emblemáticos y conocidos como la Alhambra de Granada o la Catedral de Burgos, han ensombrecido, y hasta relegado al ostracismo, un sinfín de otras edificaciones de gran belleza y valor patrimonial. Algo que no debemos consentir.

A nivel de estudios, afortunadamente muchas facultades de Arquitectura incluyen máster, asignatura y programas de postgrado que se dedican a analizar en profundidad la riqueza y complejidad del increíble panorama arquitectónico español, tratando que los futuros arquitectos conozcan los rasgos más característicos de nuestra arquitectura. Y si es posible lo reflejen de algún modo en sus futuras obras.

La evolución de la arquitectura española: del Acueducto de Segovia al Guggenheim

La arquitectura española está tan ligada a la historia del país que una visión panorámica de nuestro patrimonio arquitectónico nos permite reconocer las distintas invasiones y las etapas artísticas, culturales y políticas que más importancia e influencia han tenido a lo largo de los siglos.

La prehistoria ya dejó una importante huella arquitectónica en España, como lo demuestra la existencia en Antequera (Málaga) de los dólmenes de mayor tamaño de toda Europa. Pero quizás la primera gran construcción es de la época de la invasión romana: nos referimos al impresionante  Acueducto de Segovia.

Por supuesto, la cultura musulmana, asentada en la Península desde el año 711 hasta 1.492 d.C., nos ha dejado la joya por antonomasia de la época denominada Al-Ándalus: la fascinante Alhambra de Granada.

El Románico y el Gótico, entre los siglos X-XVI han dejado su impronta en toda España, en forma de un sinfín de iglesias y catedrales que, en conjunto, suman una obra arquitectónica difícilmente superable en cualquier otro país del mundo. La Catedral de Santiago de Compostela y la Catedral de Burgos, por su grandeza y majestuosidad, brillan con luz propia en este fructífero periodo histórico.

El Escorial y El Palacio Real de Madrid son dos hitos de la arquitectura española y universal representativos de los dos movimientos culturales dominantes en Europa de los siglos  XV y XVIII: el Renacimiento y el Barroco.

Millones de turistas se acercan cada año a Barcelona para admirar la original belleza del estilo Modernista, desarrollado en el s. XX con un nombre propio justamente conocido y reconocido mundialmente, Antonio Gaudí, con su todavía inacabada Sagrada Familia a la cabeza.

Y llegamos al s. XXI, el de la arquitectura contemporánea y actual, donde pese a la existencia de arquitectos tan consagrados e importantes como Santiago Calatrava o Carmen Pinós, todavía queda mucho por diseñar y construir. Obras tan emblemáticas como el museo Guggenheim de Bilbao son ya una realidad, pero las próximas hornadas de futuros arquitectos de buen seguro nos sorprenderán con creaciones de calidad de estilos aún más novedosos. Obras que, sin duda, contribuirán a completar y engrandecer aún más el fabuloso patrimonio arquitectónico español.