El sector de la construcción tiene un impacto negativo sobre el medio ambiente. Además de la ocupación del suelo, que en ocasiones rompe el equilibrio del ecosistema natural de la territorio, se calcula que la construcción de viviendas es responsable de un 40% de la emisiones de CO2, del 30% de las materias primas, del 30% de la generación de residuos y de un 20% de consumo de agua.

Es innegable que todo proceso industrial genera algún grado de contaminación y este es muy alto cuando se trata de uno tan importante como el de la construcción, que implica la puesta en funcionamiento de maquinaria pesada, un consumo muy importante de materias primas y un gran movimiento a nivel de transporte.

A partir de aquí la pregunta es: ¿se puede hacer algo para reducir las negativas consecuencias para el medio ambiente de la construcción y su impacto en el calentamiento climático? Lo cierto es que sí y mucho. Y lo más efectivo es tomar estas medidas desde la propia génesis de un proyecto de construcción: la fase de arquitectura.

¿Cómo practicar una arquitectura sostenible?

Existen una serie de medidas de carácter técnico que pueden ser muy efectivas a la hora de reducir el impacto medioambiental y las terribles consecuencias del calentamiento global. Se trata de acciones a tener en cuentan en cualquier proyecto de arquitectura para poder avanzar a nivel de sostenibilidad, optimización de los recursos y eficacia energética:

  • Estudiar adecuadamente el entorno envolvente de las construcciones para lograr un buen aislamiento del exterior y reducir la frecuencia de climatización. Para lograr estos objetivos se deben usar tanto máquinas adecuadas como un aprovechamiento eficaz del propio entorno natural, como la vegetación o el viento.
  • Usar técnicas pasivas desde el inicio del proyecto de arquitectura: usar un buen factor que reduzca la superficie de contacto para, de esta forma, optimizar la climatización, reduciendo las necesidades de frío y calor. Otra medida muy efectiva es orientar las ventajas de manera correcta con el fin de aprovechar el calor solar y la ventilación al abrirlas. Diversos estudios cifran en hasta un 75% de ahorro el uso de medidas de este tipo.
  • Usar productos especiales como la pintura solar, que es capaz de absorber la luz del sol y producir combustible de hidrógeno a partir de la energía solar y la humedad del aire. Esta pintura puede ser el complemento ideal a la instalación de placas solares para aprovechar a nuestro favor los efectos positivos del astro rey.
  • Poner en prácticas tecnologías como la honeycomb, que consiste en sistemas de pantallas en la fachada a modo de cristaleras que sirven para controlar los destellos y aumentar la temperatura generada por el sol. De esta forma se reduce la huella de carbono provocada por la propia utilización del edificio.
  • Formar las llamadas islas de calor con la colocación en las fachadas de vegetación, lo que se conoce como jardines verticales.

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Por lo general, los profesionales de la arquitectura están cada vez más concienciados de la necesidad de realizar su trabajo de un modo mucho más sostenible. El cambio climático es un problema grave y real que precisa de medidas serias y urgentes en todas las actividades económicas humanas, evidentemente también en la construcción.

En este sentido, ya se han puesto en marcha iniciativas como las jornadas celebradas en Madrid en Diciembre del 2019, “Arquitectura ante el cambio climático. Tiempo de actuar”, organizadas con el objetivo de concienciar a todos los agentes relacionados con la arquitectura y a la sociedad en general del papel clave de las ciudades para frenar el calentamiento global y la necesidad de impulsar estrategias comunes en el sector de la edificación enfocadas a la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente.