España cuenta actualmente con alrededor de 50.000 surfistas federados, 350 clubes deportivos y competencias oficiales, convirtiéndolo en un deporte en constante crecimiento en el país y del que se estiman hay unos 300.000 aficionados con constantes necesidades a nivel de productos como tablas, fundas, neoprenos, ceras y otros accesorios.

Si se escala la necesidad de tablas de surf a nivel mundial, al año se venden aproximadamente 500.000 unidades fabricadas de espuma de poliuretano y fibra de vidrio, las cuales tienen una obsolescencia de entre seis meses y un año, implicando a nivel ambiental una cantidad asombrosa de residuos altamente contaminantes, terminando gran parte a la deriva, deteriorando los océanos y sumando un problema a estos ya afectados ecosistemas naturales.

Frente a esta dicotomía de un deporte que depende de los mares y de sus ciclos naturales, versus la perjudicial materialidad para el ambiente de las surfboards, se ha podido con la evolución tecnología de los medios de producción: facilitar la innovación en este nicho de mercado.

Lamina Surfboard, ¿las tablas del futuro?

Desde la inquietud del surfista Stu Bowen por reinventar las tablas de surf nació Lamina, una empresa que tiene tres principios: aumentar su durabilidad, dotarlas de un óptimo funcionamiento frente a las olas y eliminar la huella ambiental de su producción.

Para lograrlo se cumplió una primera etapa de diseño del producto, mediante un proceso iterativo se realizaron modelos digitales paramétricos en el software CAD, que se podían ajustar tantas veces como se requiriera, hasta llegar a la mejor versión de las nuevas tablas. Los parámetros son propiedades de las partes del modelo, se podían definir la longitud, las curvas de los cantos, el rocker, la forma de la punta, los acabados, así como cualquier detalle muy preciso.

De la idea a la realidad

Durante esta primera etapa también se realizaron prototipos a escala uno a uno, en los que se utilizaron máquinas fresadoras CNC que recibían las indicaciones del software para ir armando las diversas capas que conforman la tabla. Todo esto mediante un trabajo colaborativo en red a través de la plataforma Product Design & Manufacturing Collection que no ve limitaciones en la distancia ni en el tamaño de los productos, ya que en Australia se armaban las ideas, que simultáneamente se fabricaban en los Estados Unidos.

Otro punto indispensable para el éxito de las surfboards de Lamina fue la incorporación de la simulación virtual de las fuerzas de las olas y los surfistas, permitiendo llevar al extremo el comportamiento de las tablas para así definir las formas, los materiales y los refuerzos que se transformaron en unas piezas armadas con tres núcleos con almas de madera, mientras que las tablas tradicionales solo cuenta con uno.

El surfista y emprendedor Stu Bowen logró transformar un producto que permitirá a los deportistas un mejor desempeño, pero con un factor invaluable que es la disminución del impacto ambiental de esta cadena de producción y del ciclo de vida de las tablas.

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